Vamos a celebrar el 3º aniversario de Comic is art con un homenaje a toda una generación (aunque quizás habría que decir a toda una época en la que llegaron a converger varias generaciones). En los blogs relacionados con el mundo del cómic estamos acostumbrados a presenciar homenajes a grandes dibujantes, a grandes guionistas, a grandes obras, incluso a grandes personajes, pero esta vez vamos a homenajear a los que verdaderamente han convertido en realidad la industria del cómic; los que los compramos, los que los disfrutamos, los que hacemos que este mundillo siga avanzando.
El homenaje se centra en una época muy concreta; una época que abarca básicamente desde principios de los 70 hasta mediados de los 80 (que curiosamente coincide con la llamada Edad de Bronce del comic-book americano), que fue sin ninguna duda la era que marcó profundamente a toda una generación, que a su vez es la que sustenta, en buena parte, la industria del cómic actual. Se dice que de entre los más jóvenes cada vez salen menos aficionados al 9º Arte y que la media de edad del comprador habitual de cómics cada vez es más elevada; esto es por que buena parte de éste público fiel está formado todavía por componentes de aquella generación.
Sin duda algo muy grande tuvo que haber en el mercado de aquella época para que toda una generación quedara marcada tan profundamente de por vida. No olvidemos que incluso muchos de los mejores blogs sobre cómics que se pueden encontrar a día de hoy en la red, están llevados por personas de aquella generación. Sin enrollarme más... vamos con el homenaje:
Dedicado a todos los que se sumergieron en increíbles mundos de fantasía para no volver a salir jamás de ellos.

A los que vibraron con multitud de personajes fantásticos, heroicos y sorprendentes.

A los que descubrieron el lado más mítico de la aventura.

A los que también descubrieron otras inquietudes por el camino.

A los que se desternillaron de la risa.

A los que descubrieron que el cómic no entendía de fronteras.

A los que descubrieron crítica política disfrazada de acción y aventura.

A los que se embarcaron en multitud de viajes trepidantes alrededor del mundo.

A los que se sintieron capitanes.

A los que lucharon como jabatos.

A los que se imaginaron super-hombres.

A los que descubrieron pedazos de historia dentro de la fantasía.

A los que descubrieron como la fantasía se teñía también de realidad.

A los que disfrutaron con aventuras contadas sobre un fondo de tragedia.

A ellas, que también estaban ahí.

A los que disfrutaron de las historias más bizarras.

A los que preferían las aventuras más clásicas.

A los que se sintieron auténticos aventureros.

A los que se sintieron héroes enmascarados.

A los que penetraron en bárbaros mundos de espada y brujería.

A los que preferían la oscuridad y las tinieblas.

A los que por el contrario les gustaba verlo todo muy claro.

A los más rebeldes.

A los que se rindieron ante las maravillas de la Edad de Bronce.

A los que no se tomaron esas maravillas tan en serio.

A los que descubrieron como el cómic podía ir cada vez más lejos.

A los que vivieron aventuras inolvidables en
Fort Navajo.

A los que descubrieron otros universos e incluso un
Cuarto Mundo.

A los que encontraron en el cómic de aventuras, auténticas
Tangencias con otras formas de arte.

A los que quedaron maravillados ante mundos de fantasía como los narrados en
El Diario de Jeremy Brood.

A los que preferían los cómics de serie negra, duros y tristes como
La Canción de Tristan.

A los que descubrieron auténticas obras maestras del 9º Arte tras realizar
Mil Deskartes.

A los que se emocionaban cuando Benjamin J. Grimm gritaba: ¡¡
Es la Hora de las Tortas !!.

A los que disfrutaron de verdad con la enorme calidad de muchos
Cómics, Historietas y Tebeos.

A los que quedaron irremediablemente atrapados de por vida en
El Arte Secuencial.

A los que viajaron hasta
999 mundos fantásticos distintos.

A los que vibraron con guerreros que gritaban: ¡¡
Voto a Brios !!.

A los que leían acerca de las andanzas de caballeros oscuros en las
Gotham News.

A los que siempre encontraban valiosísimos
Pecios en las playas más desiertas.

A los que pudieron compartir su afición en grandes
Tertulias de Studio.

A los que realizaron viajes temporales por tierras infinitas hasta terminar
Paseando por los Surcos.

A los
Pequeños Misántropos que no pudieron escapar del País de los Sueños.

A los que se convirtieron en auténticos
Discípulos de la Espada.

A los que siempre deleitaron a los demás con sus preferencias, recuerdos y opiniones desde parajes
Transoceánicos.

A los que siempre fueron muy
Caprichosos en esto del cómic.

A los que no tuvieron miedo de adentrase ni en la mismísima
Zona Negativa.

A los que realizaron auténticos
Safaris Nocturnos por obras maestras del 9º Arte.

A los que llegaron a convertir su propio mundo en una
Cárcel de Papel.

A los que quedaron atrapados en una galaxia muy, muy lejana y se hicieron llamar
Plissken.

A los que vivieron toda una vida
Entre Cómics.

A los que se terminaron convirtiendo en
Lectores Impacientes, ávidos siempre de nuevas lecturas.

A los que siempre disfrutaron del arte de los más grandes
Historietistas Españoles.

A los que siempre gozaron de ver a los
Autores en sus Obras.

A los que llenaron de maravillas de papel todas las
Estanterías de su Casa.

A todos los que se convirtieron en auténticos
Coleccionistas de Tebeos.

A los que vivieron aventuras legendarias de todo tipo, desde Asgard hasta el mismísimo
Nibelheim.

A los que disfrutaron en su
Propio Studio de las mayores maravillas de la Edad de Bronce del cómic americano.

A los que se reirían hasta de su propia madre, sin dejar títere con cabeza, de la A a la Z, pasando por la
JC.

A los amantes de los vampiros, de los zombies, de las momias y muy especialmente del
Show de los Hombres Lobo.

A los que convirtieron aquellos maravillosos cómics en
Sus Cómics.

A los que convirtieron sus visitas periódicas a los quioscos en una auténtica
Kioscopedia.

Y en definitiva, a todos y cada uno de vosotros.